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(Warner Music Spain, 2018)

“Un buen y ansiado momento”

   Por Javi Segura Ruiz

   He de decir que no he necesitado estrujar demasiado mis maltrechas neuronas para encontrar un titular para esta reseña.

   Y es que, haciendo referencia al primer álbum de la banda de Carlos Tarque, bien fuera más por deseo e ilusión que por disipar realmente en el horizonte un disco de este calibre, la mayoría de los seguidores del vocalista ansiábamos un trabajo donde sacara a relucir su vertiente más rockera.

   Pero para ello ha necesitado que el estado de M Clan figurara en “stand by” durante los dos próximos años, dándose con Ricardo Ruipérez un respiro consensuado entres ambos en su trabajo en común con el grupo, para que cada uno de ellos explorara en solitario aquellos estilos donde dieran rienda suelta con total libertad a sus gustos más personales.

   Y en el caso de Carlos ese carril lateral no podía conducir de ninguna de las maneras hacia otro lado que no fuera para recuperar la esencia más setentera y ochentera de sus influencias, aquellas, (añoradas por muchos), que quedaron bien palpables en “Un Buen Momento” y el fantástico “Coliseum”, las dos primeras obras de los murcianos.

   Para ello ha vuelto a unir fuerzas con el reputado hacha nacional Carlos Raya, (quién además de las seis cuerdas ha ejercido de productor y colaborador en las composiciones), contando también con la base rítmica de su banda, el bajista Iván González y la consistente batería de Coki Giménez.

   El resultado no podía ser otro que la puesta en escena de un disco con acentuado sabor clásico y plenamente referenciado en las dos décadas arriba mencionadas.

   Lo de “puesta en escena” me viene como anillo al dedo para explicar la manera en cómo ha sido presentada nada más y nada menos que la mitad de esta obra, que no ha sido otra que observando a los cuatro músicos interpretar cinco de las canciones desde el local de ensayo; ¡me encantan este tipo de grabaciones! Muchas veces se echan en falta vídeo clips donde hacer llegar al público aquellos temas que las discográficas eligen como singles pero, la verdad sea dicha, muchos de ellos o no tienen mucho sentido ni coherencia con la canción en cuestión y/o resultan excesivamente cutres por falta de presupuesto o cualquier otro motivo.

   Y es que no podía haber mejor manera de exhibir el rock crudo y directo que nos proponen que viéndoles disfrutar y ejecutar esas canciones bajo esas cuatro paredes y techo con idéntico formato en los cinco temas, reflejando aún más no tan solo la autenticidad de los mismos, sino también un modo de reivindicar que aquí no hay “trampa ni cartón”, que esto tan auténtico es lo que os vais a encontrar como peso argumentado cuando escuchéis el disco en su totalidad.

   Y por si no nos quedaba claro, ahí tenemos la intro de Raya en “Ahora y en la Hora” enlazada con la entrada vocal de Tarque en ese padre nuestro con el que inicia una vacilada de estrofa que deriva en un veloz estribillo ¡esto promete!

   “Bailo” se desarrolla con un ritmo desenfadado y vital donde el guitarrista tira de slide en el solo, mientras que el ritmo más pausado y pesado de “El Diablo Me Acompañará” desemboca es unos fraseos intermedios de Tarque rebosantes de garra, (mis favoritos del disco)  y el wha wha de la Les Paul en el solo, aunque quizás excedido en ese relajado final que no confluye demasiado con el resto de la canción.

   Comienzo de batería y seis cuerdas plenamente “ace/deciano” para la comercial y risueña “Heartbreaker”, cuyos ritmos pegadizos podrían recordar a Tom Petty o a la versión más rockera de Rod Stewart; lástima que el solo de guitarra de Carlos Raya se quede simplemente en un conato de algo más explosivo.

   El título de “Donde Nace el Rock &Roll” es toda una declaración de intenciones y sus marcados riffs nuevamente vuelven a transportarnos a la banda de Angus Young, aunque volvemos a echar de menos a un Raya más desmelenado y desatado en la parte central de la canción; por esos mismos derroteros se desenvuelve “Electroshock”, aunque su estribillo lo considero menos conseguido que en otras de sus “compañeras de viaje” en este trabajo.

   Otro de los ídolos de Tarque como es Hendrix se hace su hueco en la estupenda “Lobo Solitario”, la balada del disco y que absorbe directamente, (tanto en estructura como en sonido de guitarras), del poso depositado en “Little Wings” del genio y leyenda estadounidense.

   Tres divas vocales se llevan su particular homenaje en “Janis, Amie, Billie”, donde la referencia musical en este caso parece partir de John Fogerty y sus Creedence, aunque desde el primer instante algunos acordes de Raya me han recordado a Luke Morley y su extraordinaria banda Thunder; melodías que encajarían perfectamente en los M Clan más “carolinescos”, dicho sin ningún ápice destructivo, pues me ha parecido un tema plenamente vital y disfrutable.

   Una de las letras más directas e identificables la vamos a encontrar en  “Juicio Final”, desarrollada bajo una misma configuración de principio a fin, pero para nada deriva ello en que resulte monótona y repetitiva; los tonos vacilones del gran Carlos Tarque están hechos para ser coreados y ayudan mucho a que este track no caiga en una posible desidia debido a esa única estructura.

   Emocionante “Cactus en el Corazón”, no sólo por conjugar las letras de protesta y socialmente más reivindicativas, sino también por su cadencia envolvente y que acaba explotando en los potentes riffs, (donde vuelve a aparecer la sombra de los Bowes /Morley) que acompañan la voz “tarquiana”, por momentos fascinantemente desgarrada… ¡Brutal!

   Más allá de mis preferencias musicales, siempre he sentido una debilidad absoluta por la voz de Carlos Tarque; es un tío que cuando canta me da a entender que hace fácil lo que difícilmente sería accesible para la mayoría de los mortales, con esa garra, poderío y esencia que desprenden sus cuerdas vocales; ¡no cabe decir que en éste su disco homónimo se sale!

   El único “pero” que percibo es que Carlos Raya, aun haciendo una perfecta labor en la construcción y sonido de sus guitarras, se le echa de menos algo más de “desmelenamiento” en la ejecución de sus solos, como ya he comentado en alguna canción; un poquito más largos, explosivos y elaborados en algunas de ellas hubiera sido la guinda perfecta a este exquisito pastel de inauguración.

   Hay discos que entran a la primera y se diluyen con el transcurso de posteriores audiciones; en este caso, tan sólo nos vamos a topar con la primera situación, pues se percibe como algo más que dudoso que sean muchos los que acaben por aparcarlo en el baúl del olvido.

   “Tarque” es un disco simple, que no “simplón”, y con unas letras de calle, que no “callejeras”; y es que a veces nos olvidamos que la verdadera esencia del rock perdura de manera latente y emotiva cuando se transmite de generación en generación dentro de esa simplicidad, con su bajo, su batería, su Les Paul enchufada a unos Marshall, una voz auténtica cargada de feeling, sin innecesarios fuegos de artificio y estridencias ni letras que hagan retorcer demasiado nuestras ya de por sí atormentadas neuronas.

   Y es que, en definitiva, a veces nos olvidamos que es en la sencillez donde realmente solemos encontrar  las cosas importantes de la vida…

Bailo

Ahora y en la Hora

Heartbreaker

Donde nace el R&R

El diablo me acompañará

Lobo solitario

Juicio final

Janis, Amy, Billie

Electroshock

Cactus en el corazón

Tarque son:

Carlos Tarque: voz

Carlos Raya: guitarras y coros

Iván González: bajo

Coki Giménez: batería